Así es, mientras estuve ocupado no pensé en nada más que en el momento que estaba viviendo y en los que viviría las próximas horas, pero ahora que he vuelto a la rutina se están agolpando los pensamientos en mi mente, y todos me llevan a una pregunta: Y ahora qué?
Otro año se acabó, el año en que cumplí 30, el año en el que no hice otra cosa más que vivir la vida y disfrutarla, conocí lugares, viajé, hice cosas nuevas, la relación con mi PP se reforzó, los lazos con la familia política se ensancharon, a algunos lazos con miembros de mi familia sanguínea les hice un nudo, volví a la escuela, fui feliz.
Ahora bien, se suponía que al iniciar este año comenzaría otra vez con la búsqueda de trabajo; y es que antes tenía muchas razones de peso para hacerlo, razones de las que, por más que trato, ya no me acuerdo. Hace tiempo él me hizo una propuesta que ahora me parece demasiado tentadora, dedicarme este año a finalizar mi carrera y el próximo con título, o al menos carta de pasante, en mano empezar a buscar trabajo en serio. Es cierto que al principio la idea me pareció descabellada, inconcebible y con nulas posibilidades de llevarla a cabo; pero eso fue porque quería mi libertad, quería mi independencia, porque confieso que hubo momentos en los que me llegué a sentir asfixiado, llegué a tener dudas y pensaba que era mejor no depender de nadie, en caso de que tuviera que tomar alguna de esas decisiones precipitadas que me caracterizan. Pero las cosas se han ido asentando y le he ido agarrando el gusto a esto de ser ahora yo el que se queda en casa y él quien trabaja.
Pero a la vez me muero de miedo de pensar que me convierta en esta señora, la que se quedó en casa para cuidar y atender el marido (aunque yo no lo haga :)), la que se encargó de la economía y la administración doméstica, y que un día se despierta y se da cuenta de que no era lo que quería, un día se despierta sintiéndose vacía, pero ya está demasiado vieja, descuidada, fodonga, temerosa y cómoda como para enfrentarse al mundo y hacer algo por sí misma; y no le queda de otra que, por la dependencia económica, el miedo y la comodidad, aceptar cosas que en otras circunstancias jamás aceptaría.
Por otra parte también me da miedo que al encontrar un trabajo y empezar a ganar de nuevo mi propio dinero, me sienta demasiado seguro, demasiado confiado, vuelva a ser el materialista intolerante que siempre había sido y un día por un berrinche, un desacuerdo, un malentendido o simplemente por orgullo, mande en un arrebato a la basura todo lo que tengo y me quede de nuevo sólo, con mi orgullo, con mi trabajo, con mi dinero, pero sin nadie para compartirlo.
Pero sé que tampoco está bien que haga o deje de hacer las cosas por miedo, porque puede ser que sólo por eso vaya a dejar pasar una oportunidad única y muy benéfica para mí; porque sé que si me dedico únicamente a la escuela puedo terminar la carrera incluso en menos de un año y si encuentro un trabajo bien remunerado puede que la descuide otra vez.
En fin, no sé que voy a hacer pero sé que debo de tomar una decisión, sólo espero tener la suficiente madurez para decidirme por lo mejor para mi, sin pensar en lo que puedan decir ni en cosas que no tienen nada que ver.












